miércoles, 16 de julio de 2014

 Les doy la mas cordial bienvenida al semestre 2014-A, espero que trabajemos de forma cordial y respetuosa.  Para la asignatura de Ciencias Sociales -1, se va a trabajar de forma individual y en equipos.

Recomendaciones para trabajar durante el curso:

1.-  Respetar la opinión de los demás.
2.- Cumplir con las actividades solicitadas en forma y tiempo.
3.- Contar con material o libro.
4.- Contar con disponibilidad para realizar las actividades de forma individual o equipo.
5.- Ser original en los productos solicitados.



INSTRUCCIONES: contesta el siguiente cuestionario, no tiene un valor numérico para tu calificación, te permitirá conocer los conocimientos previos con los que cuentas.

 

  1. ¿Por qué te relacionas con otros seres humanos?

 

 

  1. ¿Por qué vives en comunidad?

 

 

  1. ¿A cuantas comunidades perteneces y por qué?

 

 

  1. ¿Quién construyó la comunidad en la que vives?

 

 

  1. ¿Tu comunidad se ha modificado al paso del tiempo (Sí, No), por qué y en qué ha cambiado?

 

 

  1. De la gente con la que te relacionas, ¿con quienes te identificas más y por qué?

 

 


 


 


 

 
RELIGIÓN Y CONSTRUCCIÓN DEL MUNDO

 

Toda sociedad humana es una empresa de edificación de mundos. La religión ocupa un lugar destacado en esta empresa. Nuestro propósito principal, aquí, es emitir algunos juicios generales acerca de la religión y de la edificación humana de mundos.

Es preciso comprender que la sociedad es un fenómeno dialéctico en cuanto es un producto humano que sin embargo reacciona constantemente sobre su producto. La sociedad es un producto del hombre. No tiene otra existencia que la que le concede la actividad y la conciencia humanas. No puede haber ninguna realidad social fuera del hombre. Pero también, puede afirmarse que el hombre es un producto de la sociedad.

Toda biografía individual es un episodio de la historia de la sociedad, que la precede y lo sobrevive. La sociedad existía ya antes de que el individuo naciera, y existirá después de que muera. Más aún, dentro de la sociedad, y como resultado de un proceso social donde el individuo se convierte en una persona, adquiere y mantiene una identidad y lleva a cabo diversos proyectos que constituyen su vida.

El hombre no puede existir fuera de la sociedad. Las dos afirmaciones, que la sociedad es  producto del hombre y que el hombre es producto de la sociedad, no son contradictorias. Más bien reflejan el carácter intrínsecamente dialéctico del fenómeno societal. Solo sí se reconoce este carácter se comprenderá a la sociedad en términos adecuados a su realidad empírica. El proceso dialéctico fundamental de la sociedad  pasa por tres momentos o etapas. Ellos son la externalización, la objetivación y la internalización. Sólo sí se comprenden juntos estos tres momentos puede alcanzarse una concepción empíricamente correcta de la sociedad. La externalización es el vuelco permanente del ser humano hacia el mundo, tanto en la actividad física como mental. La objetivación es la conquista de los productos de esta actividad, es una realidad que se enfrenta con sus productores originales como una realidad externa a ellos y diferente de ellos. La internalización es la reapropiación por los hombres de esa misma realidad, quienes la transforman nuevamente de estructuras del mundo objetivo en estructuras de la conciencia subjetiva.



 

La sociedad llega a ser un producto humano por la externalización. Se convierte en una realidad única por la objetivación. Y es por la internalización por lo que el hombre es un producto de la sociedad.

La externalización es una necesidad antropológica, el ser humano se externaliza por esencia y desde su nacimiento, se funda en la construcción biológica del hombre. El Homo Sapiens ocupa una posición peculiar en el reino animal. Esta peculiaridad se manifiesta en la relación del hombre con su propio cuerpo y con el mundo. A diferencia de los otros mamíferos superiores, que nacen con un organismo esencialmente completo, el hombre se halla “inconcluso” al nacer.

Los pasos esenciales en el proceso de “completar” el desarrollo del hombre, etapas que se realizan en el período fetal en los otros mamíferos superiores, se cumplen en el primer año posterior al nacimiento en el caso del hombre. Es decir, el proceso biológico de “convertirse en hombre” se realiza en un momento en que el infante se halla en interacción con un medio extraorgánico, que abarca tanto el mundo físico como el mundo humano del niño. Existe un fundamento biológico de “convertirse en hombre”, en el sentido del desarrollo de la personalidad y la apropiación de la cultura.

Si nos referimos al mundo animal, es un mundo cerrado en lo que respecta a sus posibilidades, esta programado por la propia constitución del animal, por ello, todo animal vive en un medio que es específico de su especie particular. Existe un mundo de los ratones, un mundo de los perros, un mundo de los caballos, etc. Por el contrario, la estructura instintiva del hombre, al nacer, no está especializada ni dirigida hacia el medio específico de una especie. No existe ningún mundo del hombre, en el sentido indicado (al de los animales). El mundo del hombre se halla imperfectamente programado por su constitución interna. Es un mundo abierto. Es decir, es un mundo que debe ser moldeado por la propia actividad del hombre.

Comparado con lo otros mamíferos superiores, el hombre mantiene, así, una doble relación con el mundo. Como los otros mamíferos, se encuentra en un mundo que antecede a su aparición. Pero a diferencia de los otros mamíferos, este mundo no está simplemente dado, prefabricado para él. El hombre debe hacerse un mundo. La actividad constructora de mundos del hombre, no es un fenómeno biológicamente extraño, sino la consecuencia directa de la constitución biológica de él.

La situación del organismo humano en el mundo se caracteriza, por una inestabilidad inherente a él, desde su nacimiento, por ser un ser “inconcluso”. El hombre no encuentra una relación dada con el mundo, sino que debe continuamente tratar de establecerla.

En el proceso de construcción de un mundo, el hombre, por su propia actividad, especializa sus impulsos y logra la estabilidad. Biológicamente privado de un mundo de los hombres, construye un mundo humano. Este mundo por supuesto, es la cultura. Su propósito fundamental es brindar a la vida humana las firmes estructuras de las que carece biológicamente.

La cultura, aunque se convierte para el hombre en una “segunda naturaleza” sigue siendo algo muy diferente de la naturaleza, precisamente porque es el producto de la propia actividad del hombre. Este debe crear y recrear de manara continua la cultura.  El imperativo cultural de la estabilidad y el carácter intrínsecamente inestable de la cultura plantean, juntos, el problema fundamental de la actividad constructora de mundos propia del hombre. De tal suerte, que aun cuando es necesaria la construcción de mundos, es muy difícil mantenerlos en funcionamiento.

La cultura consiste en la totalidad de los productos del hombre. Algunos de ellos son materiales; otros no lo son. El hombre elabora herramientas de todos los tipos concebibles, mediante los cuales modifica su medio físico y doblega la naturaleza a su voluntad. El hombre también crea el lenguaje y sobre su base y por medio de él, un elevado edificio de símbolos que impregnan toso los aspectos  de su vida. Por lo tanto, la sociedad forma parte de la cultura inmaterial (no material). La cual estructura las relaciones permanentes del hombre con sus semejantes. Como solo un elemento de la cultura, la sociedad comparte totalmente el carácter de esta de ser un producto humano. La sociedad se constituye y se mantiene por obra de seres humanos activos. No tiene ningún ser, ninguna realidad, aparte de esta actividad. Sus pautas, siempre relativas en el tiempo y el espacio, no se encuentran en la naturaleza, ni pueden, ser deducidas de una manera específica a partir de la “naturaleza del hombre”. Lo que en cualquier momento histórico aparece como la “naturaleza humana” es en sí mismo un producto de la actividad constructora de mundos del hombre.
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La esencial sociabilidad del hombre.

El Homo sapiens en un animal social. La actividad constructora de mundos del hombre es, siempre e inevitablemente, una empresa colectiva. La experiencia dicta que la construcción humana de mundos tiene siempre un carácter social. Juntos, los hombres fabrican herramientas, inventan lenguajes, se adhieren a valores, crean instituciones, entre otros aspectos.

La sociedad, por lo tanto, no es solo un resultado de la cultura, sino una condición necesaria de esta. La sociedad estructura, distribuye y coordina las actividades constructoras de mundos de los hombres. Y sólo en la sociedad pueden persistir en el tiempo los productos de esas actividades.

La comprensión de la sociedad como arraigada en la externalización del hombre, esto es, como producto de la actividad humana, reviste particular importancia, cuando se hace referencia al proceso de objetivación, esto es, que la sociedad aparece ante el sentido común (de los hombres como individuos) como algo muy diferente, como independiente de la actividad humana.

De esta manera, entendamos a la sociedad como un producto del hombre basado en el fenómeno de la externalización, que a su vez se funda en la misma constitución biológica del hombre (lo que ya esta dado y existe antes e que el naciera). Pero tan pronto como hablamos de productos externalizados se supone que estos alcanzan cierto grado de diferenciación con respecto a su productor.  

Esta transformación de los productos del hombre es un mundo que no solo deriva del hombre, sino que también lo enfrenta como una realidad exterior a él mismo es lo que quiere significar el concepto de objetivación. El mundo creado por el hombre se convierte en algo que está “allí afuera”. Consiste en objetos materiales y no materiales, capaces de resistir los deseos de su productor.

Una vez creado, este mundo no puede ser disipado de manera sencilla. Aunque toda cultura se origina y tiene sus raíces en la conciencia subjetiva de los seres humanos, una vez creada no puede ser reabsorbida a voluntad en la conciencia. Está fuera de la subjetividad del individuo, como un verdadero mundo. En otras palabras, el mundo creado por el hombre alcanza el carácter de realidad objetiva. Un ejemplo de ello sería lo siguiente:

“El hombre inventa un lenguaje y luego se encuentra con que tanto su habla  como su pensamiento están dominados por su gramática. El hombre crea valores y descubre que se siente culpable cuando los viola. El hombre construye instituciones  que luego se enfrentan a él como poderosas estructuras controladoras y hasta amenazantes del mundo externo”. (Berger:1967:22)

Si se concede a la cultura el rango de la objetividad, esto tiene un doble significado. La cultura es objetiva en cuanto enfrenta al hombre con un conjunto de objetos del mundo real, que existen fuera de su conciencia. La cultura está allí. Pero la cultura es también objetiva en el sentido de que puede ser experimentada y aprendida, por así decir, en compañía. La cultura esta allí para todo el mundo. Esto significa que los objetos de la cultura (nuevamente, tanto los materiales como los inmateriales) pueden ser compartidos con otros.


 

En otras palabras, el mundo cultural no es solo una creación colectiva, sino que también conserva su realidad en virtud de un reconocimiento colectivo. Existir en la cultura significa compartir un mundo particular de objetividades con otros.

Lo mismo sucede con la sociedad, es decir, que la sociedad se objetiva en la actividad humana, o sea, que la sociedad es producto de la actividad humana que ha alcanzado el rango de realidad objetiva.

La sociedad se presenta como una realidad externa, subjetivamente opaca y coercitiva, puede suceder a menudo que su funcionamiento esté más allá de su comprensión. La sociedad se manifiesta por su poder coercitivo. La prueba final de su realidad objetiva es su capacidad de imponerse al rechazo de los individuos. La sociedad dirige, sanciona, controla y castiga la conducta individual. En un arrebato social, la sociedad hasta puede destruir al individuo.

Es decir, el carácter coercitivo fundamental de la sociedad no reside en sus mecanismos de control social, sino en su poder para constituirse  e imponerse como realidad.

La objetividad de la sociedad se extiende a todos los elementos que la constituyen. Las instituciones, los roles y las identidades existen como fenómenos con realidad objetiva en el mundo social, aunque ellos y este mundo sean al mismo tiempo creaciones humanas. Por ejemplo, la familia, como institucionalización de la sexualidad humana en una sociedad particular, es experimentada y aprendida como una realidad objetiva, La institución está allí, exterior y coercitiva, imponiendo sus pautas definidas previamente sobre el individuo en este ámbito particular de su vida.

 La misma objetividad tienen los roles que se esperan del individuo en el contexto internacional mencionado (familia), aunque pueda suceder que no le guste en particular su desempeño. Por ejemplo, los roles de marido, padre o tío están definidos objetivamente y se presentan como modelos para la conducta individual. Al desempeñarse estos roles, el individuo llega a representar las objetividades institucionales de una manera que es aprendida socialmente (culturalmente).  Así, hasta puede decir que no le gusta realizar este o aquel detalle del rol, pero debe hacerlo contra su voluntad, porque así se lo dicta la descripción objetiva el rol.

Además, del conjunto de instituciones y roles objetivamente disponibles, también contiene un repertorio de identidades dotadas del mismo status de realidad objetiva. Por lo tanto, la sociedad no sólo asigna al individuo un conjunto de roles, sino también una identidad establecida. Ejemplo; no sólo se espera que el individuo se desempeñe como marido, padre o tío, sino que sea un marido, un padre o un tío. Que sea un hombre, sea lo que fuere lo que implique “ser”, esto en la sociedad en cuestión.

En última instancia, la objetivación de la actividad humana significa que el hombre es capaz de objetivar una parte de sí mismo dentro de su propia conciencia, y enfrentarse a sí mismo dentro de sí mismo en figuras que están por lo general disponibles como elementos objetivos del mundo social.

Para hacer referencia al proceso de internalización, podemos decir que se presenta entonces, como la reabsorción en la conciencia del mundo objetivado, donde la sociedad funciona ahora, como el agente formativo de la conciencia individual.

Por eso decimos que toda sociedad que persiste en el tiempo se enfrenta con el problema de transmitir sus significados objetivados de una generación a la siguiente. Se aborda este problema mediante los procesos de socialización, esto es, los procesos por los cuales se enseña a una nueva generación a vivir de acuerdo con los programas institucionales de la sociedad.

Por tanto, el individuo no solo aprende los significados objetivados sino que también se identifica con los mismos y es moldeado (su conducta y forma de pensar) por ellos. Los incorpora a su interior y los hace sus significados. Se convierte en alguien que no solo posee eso significados, sino que también los representa y los expresa. De ahí que el éxito de la socialización depende del establecimiento de una simetría entre el mundo objetivo de la sociedad y el mundo subjetivo del individuo. 

En conclusión, podemos decir, el individuo es socializado para que sea un apersona determinada y habite en un mundo determinado.


Peter Berger y Thomas Luckman - La Construcción Social de la Realidad

La realidad aparece aquí como una construcción humana, que estudian desde la sociología cognitiva, e informa acerca de las relaciones entre los individuos y el contexto en el que se desenvuelve su dimensión social.

El análisis fenomenológico de Berger y Luckmann permite un acercamiento a lo cotidiano, a la vida diaria, porque es la vida diaria, como radiografía habitual del acontecer, la imagen más visible y reconocible de la realidad. En ese escenario, conocen las pautas de comportamiento, los actores y los agentes de la dinámica social, los mecanismos de socialización que llevan al equilibrio cotidiano y predeterminan la vida diaria, donde el ‘sentido común’ es la ley común de las relaciones. Los problemas sobrepasan esas pautas, son la sorpresa de lo no común, de lo inhabitual, de lo no cotidiano.

El individuo aparece como un producto social –el homo socius-, definido por las sedimentaciones del conocimiento que forman la huella de su biografía, ambiente y experiencia. Circunstancias que determinan el rol que va a jugar en el espacio social. El espacio social no forma parte, pues, del orden natural, sino que es una construcción, eso sí basada en la naturaleza humana, que tiende a la búsqueda de la estabilidad, por lo que esa ‘necesidad antropológica’ de orden se transforma en un orden social, en una construcción artificial.

La realidad social nace de una construcción dialéctica continuada, depurada por el consenso de sus actores, que es el que da identidad a la estructura social. La comunicación juega un papel significativo en el proceso de construcción social de la realidad. Por un lado, las relaciones personales, como base del consenso, pero también la comunicación socializadora de las instituciones que fijan las pautas de la convivencia y la participación, y, lógicamente, la específica de los medios, que contribuyen a la distribución social del conocimiento y el reforzamiento del consenso institucional en el que se asienta una sociedad concreta. Al tiempo, sirven para que las matrices que describen el ‘sentido común’ en una sociedad dada sirvan a la formación de un ‘universo simbólico’. Una tarea de administración del conocimiento, pero también de los ‘mecanismos de mantenimiento’ que le aportan estabilidad y durabilidad. Este papel de los medios está legitimado por la aceptación de su función, lo que les confiere un carácter de institución social.

Los medios de comunicación operan en los procesos de ‘socialización secundaria’, que es la que sucede al proceso de interiorización individual del mundo natural exterior, y se basa en los valores de la estructura social, que permiten una subjetividad relativa, una interpretación abierta e ideológica.

Bibliografía

*      Berger, Peter Ludwig. 1969 “Religión y Construcción del mundo” en: El Dosel sagrado. Elementos para una Sociología de la religión. Amorrotu Editores, Buenos Aires, págs. 13-43


 

ANÁLISIS   DE MI COMUNIDAD

ANDAMIO COGNITIVO

 

Nombre del alumno:_____________________________________  Grupo:________________

 

Instrucciones: Realiza la lectura de  Peter Berger, El Dosel Sagrado, y Construcción Social de la Realidad y  subraya las ideas principales rescatando los elementos  que conforman al hombre como un ser social.

Características del ser social
1. ¿Cómo se convierte un individuo en persona?
 
2. Explica y ejemplifica el ciclo externalización, objetivación e internalización.
 
3. ¿Por qué Peter Berger dice que el mundo del hombre es un mundo “construido”? (Argumenta y ejemplifica tu respuesta)
 
4. ¿Qué es la sociedad?
 
5. ¿Por qué  no es contradictorio decir que la sociedad es producto del hombre y el hombre es producto de la sociedad?
 
6. ¿Por qué el ser humano es un ser social?
 
 
 
 
 
7. ¿Qué es un fenómeno social? (Argumenta y ejemplifica tu respuesta)
 
 
 
8. ¿Por qué Peter Berger dice que la sociedad es un fenómeno dialéctico? Proporciona 3 ejemplos.
 
 

 

 

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